El pasado lunes, martes y miércoles fue la XIV Fiesta del Cine, una excusa perfecta para disfrutar de las películas de cartelera a un precio muy asequible. Seguro que muchos de vosotros habéis decidido ver Vengadores: Infinity War. No os culpo, es una muy buena película de superhéroes, pero reconoced que es un tanto arriesgado haber esperado tanto para verla. Las redes sociales son oscuras y albergan muchos spoilers. Yo mismo me comí un importante spoiler por ir a verla UN DÍA después del estreno. Amigo spoileador de FaceBook, considérate eliminado. Por mi parte, he aprovechado para ver tres películas a las que les tenía muchas ganas: Un Lugar Tranquilo, Isla de Perros y Lucky.

Un Lugar Tranquilo (John Krasinski)

Le tenía especiales ganas a esta película por su original premisa. Una familia se ve obligada a vivir en silencio en un entorno post-apocalíptico porque, como bien dice el eslogan: “si no te oyen, no te pueden atrapar”. Es así como dan comienzo las aventuras de una familia que lucha día a día por sobrevivir a unas extrañas criaturas con oídos hipersensibles que están causando serios estragos en la población.

Ante todo, es de agradecer que una de las películas del momento tan sólo tenga dos escenas de diálogo hablado y que cuente el resto de su historia mediante imágenes, sonido y lenguaje corporal. Toda una rareza con los tiempos que corren, pero funciona. Los actores cumplen a la perfección con su cometido de realizar sus acciones provocando el menor ruido posible, hablar entre sí con lenguaje de signos y dar a entender que el incidente ha cambiado su forma de vida. Ver cómo se han adaptado a la situación es uno de los puntos fuertes de la cinta. También lo es la joven Millicent Simmonds, sorda en la película así como en la vida real, que cumple con creces el reto que supone su personaje.

El diseño de sonido es excelente. Hay un especial cuidado por esos pequeños sonidos que siempre han estado ahí, pero que en la situación planteada podrían resultar letales. Ya me sorprendió en el arranque cuando le quitan las pilas a un juguete y se escuchan los pequeños muelles del mecanismo. Ese es el nivel de cuidado mostrado en toda la película. Los entendidos en el tema seguro que disfrutarán este apartado con los equipos de sonido de las salas de cine, pero seguro que lo disfrutarán aún más cuando puedan verla en casa de la mano de unos buenos auriculares. Ahora bien, es cuanto menos frustrante que, en una película que juega al silencio para crear tensión, todos y cada uno de los sustos estén resueltos con estridencias y golpes de efecto en la música. Al decimocuarto susto ya cansa, máximo cuando la mitad de estos sustos son falsos o poco naturales. Una ejemplar tensión que no siempre culmina de forma adecuada.

Es meritorio el trabajo del John Krasinski director, el cual sabe cómo contar su historia con imágenes, sabe componer unos planos cargados de información y consigue crear tensión durante toda la cinta. Tengo ganas de ver más trabajos del director enfocados a este género. No puedo decir lo mismo del John Krasinski guionista, que conforme avanza el guión deja ver una serie de incongruencias y decisiones cuestionables de los personajes que lastran la calidad global del producto. El espectador tiene que pasar muchas cosas por alto para percibir una experiencia redonda, que es lo que da a entender por parte de crítica y público. Es una lástima porque últimamente “buena idea” no va de la mano con “buen guión”. Todo para llegar a un final digno que sin embargo es casi destrozado por un último plano vergonzoso. Toda la tensión acumulada se resuelve con un gesto que parece pertenecer a una película de Sam Raimi. En este caso no cuela.

7/10

Isla de Perros (Wes Anderson)

Vamos a desatar la polémica ya. Wes Anderson ni me gusta ni me disgusta. Desde luego cada película que he visto de él me ha provocado algo diferente. Fantástico Sr. Fox me pareció una genial película de animación así como una de la mejores adaptaciones al cine del estilo de Roald Dahl. Moonrise Kingdom me dejó algo frío. Tal vez volverla a ver sabiendo a lo que voy hará que la aprecie mejor. El Gran Hotel Budapest se me hizo un caos desproporcionado en el que al mismo tiempo no dejaban de pasar cosas y no pasaba nada. Todo muy bonito, sí. Life Aquatic me pareció horrible. Entonces no sabía muy bien qué esperarme de su segunda película en stop-motion, esta vez centrada en perros.

Cómo me gusta equivocarme en mis supersticiones para llevarme una sorpresa. En la ciudad japonesa inventada de Megasaki ha estallado una epidemia de gripe canina. El alto cargo de turno ha decidido exiliar a todos los perros a una isla que es a su vez un vertedero. Un chaval de 12 años, Atari, emprende un viaje a la isla para recuperar a su perro. Con esta loca premisa arranca una historia diferente y distinguida mucho más profunda de lo que parece a simple vista.

¿Será posible que me guste mucho más el Wes Anderson animado que el de normal? Estamos ante una obra maestra técnica. Las diferentes maquetas muestran un trabajo minucioso de recreación para poder componer los ya característicos planos del director. En cuanto a personajes se refiere, la mayoría de perros están animados de forma exquisita. Han tenido que observar a muchos perros para captar sus movimientos de forma tan natural. Anderson ha perfeccionado el estilo y las técnicas que ya mostró en Fantástico Sr. Fox.

Como dato distintivo conviene avisar de que los personajes japoneses hablan en su idioma materno y sus frases son traducidas por los distintos personajes perrunos que hablan en inglés o por una intérprete en tiempo real, que conforma uno de los mejores personajes secundarios de la película. Es diferente y ayuda a crear momentos absurdos y cómicos. No obstante, quien sepa japonés seguro que obtiene una experiencia totalmente diferente viendo estas escenas. Habría que volverla a ver para apreciar estos detalles. Estamos pues ante una película constantemente divertida en la que el ritmo no baja nunca. De hecho, la parte final es tan rápida que puede ser difícil asimilar todo lo que ocurre. No quisiera revelar mucho más de la trama, pero sí diré que el final supone una necesaria reflexión sobre quién nos gobierna, qué hacen con el poder y cuánto de lo que nos cuentan es manipulado.

8/10

Lucky (John Carroll Lynch)

Con ustedes la última película en la que intervino el tristemente fallecido Harry Dean Stanton. Conocido por su rol en Alien: el Octavo Pasajero (Ridley Scott, 1979), pero sobre todo por Paris, Texas (Wim Wenders, 1984). Interpreta a un personaje muy personal en una película hecha a su medida que habla sobre la aceptación de la vejez y la soledad. Ópera prima de John Carroll Lynch, actor secundario en multitud de películas, principalmente Zodiac (David Fincher, 2007).

Es muy poco común estos días ver una película protagonizada por un anciano, no digamos ya por un hombre de 90 años. A pesar de su edad y fumar como un carretero, Lucky se conserva bastante saludable. Vive en un pequeño pueblo en el que toda la gente se conoce y donde la rutina es la única vida posible. Todo sigue normal hasta que un día se cae en su casa. Tras ver al médico, no tiene ninguna enfermedad, no se ha roto nada, no ha perdido sus facultades. Tan sólo es viejo, y antes o después el cuerpo se resiente.

Harry Dean Stanton en el rol protagonista está inconmensurable. Desde los primeros planos en los que se ve un cuerpo frágil haciendo ejercicio matinal hasta su curiosa manera de tomarse lo que le queda de vida, la película hará un gran trabajo para enamorarnos de este peculiar personaje. Después de su incidente, empezará a aceptar que le queda poco en este mundo y dejará de resentirse con la gente que le rodea. No me esperaba en absoluto ver a David Lynch por aquí, pero interpreta a un personaje digno de sus películas, que nos contará una conmovedora metáfora sobre la vida a través de un galápago. Una agradable sorpresa.

Estamos pues ante una película pequeña, muy arraigada en la realidad y no apta para todos los paladares. Hubo mucha gente que abandonó la sala en mitad de la proyección, algunos después de uno de los momentos álgidos de la cinta: un poderoso discurso anti-bélico de la mano de un ex-combatiente de la Segunda Guerra Mundial. John Carroll Lynch demuestra hacer un buen trabajo contando una historia humana que supone una conmovedora despedida de un gran actor. Hasta siempre, Harry. Que cantes con muchos mariachis en el cielo.

8/10