Pasamos del día con el mejor contenido al peor día con diferencia. Hay ciertas películas que no se pueden poner de seguido porque acaban haciendo mella en el espectador. La películas fueron Ága (Milko Lazarov), A la Vuelta de la Esquina (Thomas Stuber) y Noches Mágicas (Paolo Virzi). Antes de las películas proyectaron los cortos Agouro (David Doutel, Vasco Sá), Cyclists (Veljko Popovic) y L’été et Tout le Reste (Sven Bresser).

Agouro (David Doutel, Vasco Sá).

Dos primos son pastores y viven aislados en el monte en medio de un duro invierno. Uno de ellos está sumido en la superstición y presagia un mal augurio poco antes de que tengan que llevar a un toro a lo largo de un río ahora congelado. El estilo de la animación y su atmósfera es lo más destacable de la cinta. Es un trazo parecido al que suelen tener las novelas gráficas oscuras, pero parece pasado por acuarela y que cada fotograma exigía cambios en las sombras, dando un resultado muy orgánico. La tensión entre los primos está muy conseguida mediante su contraste natural. Hay pocos diálogos, pero tampoco aportan demasiado. La historia se podría haber contado sin diálogos, como la mayoría de los cortos de animación aquí presentados. Lo más desconcertante es el trasfondo de una guerra que ocurre en la distancia del que no se saca provecho. No es algo que les obligue a apresurarse, por lo que la historia podría haberse ambientado en cualquier época. No es el cortometraje más brillante, pero desgraciadamente fue lo mejor del día.

Ága (Milko Lazarov).

La película búlgara de la Sección Oficial nos presenta a un matrimonio de esquimales, cultura prácticamente extinta, cuya hija se ha desentendido de sus raíces y tiene su vida fuera de las nieves. La repentina muerte de la mujer hará que el hombre emprenda un viaje en busca de su hija para darle la noticia. Ante todo decir que la fotografía es exquisita. Se muestran unos paisajes hermosos en los que se pierden nuestros personajes. A veces, a pesar de ver el horizonte, costará distinguir qué es cielo y qué es nieve. El personaje contrastado servirá para apreciar la magnitud de los entornos. El plano final alejándose de una excavación es particularmente bello.

Desgraciadamente ahí terminan mis alabanzas para esta película. Hay un problema de base en cómo está planteada la película y, especialmente, en el ritmo. La muerte de la mujer, que debería ser el detonante o, como mucho, el primer punto de giro para que el viaje suceda cuanto antes, no ocurre hasta bien pasada la mitad de la película. Hasta entonces se muestra de cerca las costumbres esquimales plasmadas en este matrimonio. Suscita interés ver el comportamiento de una cultura en vías de extinción, pero al dilatar cada secuencia en exceso y no concretar acaba repeliendo. No es que no me guste este tipo de cine. Aún recuerdo Tasio (Montxo Armendáriz, 1984), una película exclusivamente centrada en un carbonero, pero contada con tanto cariño y representando el trabajo del carbón como un ritual sagrado que, como mínimo, despertaba interés y admiración por aquel trabajo en decadencia. Hay un recurso particularmente tedioso que es constante a lo largo de la película. Los planos generales tienen una cola de salida demasiado alargada por lo que, cuando ha acabado la acción, esencialmente estamos contemplando la nada hasta que se corta al siguiente plano. Algunos lo llamarán estilo…

Por estas razones el viaje, que sería una excusa perfecta para mostrar el contraste entre los dos mundos y el esfuerzo al que se somete el hombre, acaba siendo la parte más ágil y a la que se le da menos importancia. No se siente la frustración del personaje y todo por lo que está pasando. Es una pena porque se trata de una buena idea y se muestra una cultura a la que ya no se le presta atención, pero de nada sirve una película que, por muy bonitas que sean sus imágenes, no arranca hasta casi el final y que produce una sensación de tedio a la larga. La banda sonora, que sólo suena en el tramo final, es ejemplar ya que cuenta perfectamente lo que no ha contado la película en su totalidad. Para mí, la peor película de la presente edición que, inexplicablemente, se ha ganado muchos adeptos en el sector de la crítica.

Cyclists (Veljko Popovic).

En un pueblo movido por las fiestas que se suceden cada día, le llega el turno a una carrera de ciclistas. Además de mostrar la carrera propiamente dicha, el corto se introducirá en las mentes de los dos corredores que van en cabeza para examinar sus motivaciones. El estilo de dibujo tiene colores vivos y diseños cómicos. Por momentos parecen postales animadas. Cuando ocurren las ensoñaciones, todo se ve a través de bocetos en movimiento con evidentes referencias simbólicas. El cortometraje podría ser considerado una reflexión y desmitificación del esfuerzo y el éxito, pero el mensaje se pierde en licencias de fondo y, para cuando te quieres dar cuenta, ya ha acabado. Fácil de ver.

A la Vuelta de la Esquina (Thomas Stuber).

Un joven llamado Christian acaba de conseguir trabajo como mozo de almacén en un supermercado. Mientras aprende a dominar los entresijos de los aparatos como la elevadora o la transpaleta, irá entablando amistad con los diferentes empleados del almacén. Poco tardará en mostrar química con Marion, la encargada de golosinas de la que se enamora a pesar de que esté infelizmente casada. Lo mejor que vamos a encontrar en esta cinta es la entrañable amistad que tienen los trabajadores del supermercado en cuestión. Son destacables los momentos en los que el jefe pone canciones de música clásica mientras realizan los transportes. Es fácil encariñarse con los personajes.

En cierto modo la primera mitad me recordaba a Bagdad Café (Percy Adlon, 1987), donde los personajes regentan un café en medio de la carretera y consiguen que te quedes con ellos aunque no parezca que pase gran cosa. Mientras les vemos trabajar y relacionarse se muestra la precariedad laboral, el peligro de la rutina y la inmensa soledad de cada uno. Todo apunta a que se tratará de una de esas películas pequeñas y simples, pero con mucho corazón. Sin embargo la segunda mitad peca de repetitiva mostrando situaciones prácticamente idénticas a algunas ya mostradas y sin que la trama avance. Sirve para mostrar la rutina del personaje a pesar de que ya queda clara en las primeras secuencias. Además, hay un giro dramático muy gratuito con el único propósito de cerrar la cinta. Una vez más, la buena idea hubiera quedado mejor en un corto.

L’été et Tout le Reste (Sven Bresser).

Dos amigos de toda la vida, Marc-Antoine y Mickael, trabajan juntos durante un verano y sobreviven al aburrimiento como buenos amigos que son. Cuando se acerca el fin del verano, Mickael está decidido a irse de viaje para trabajar y pretende que Marc-Antoine se le una, en ese momento le asaltarán las dudas sobre si realmente quiere irse o si debería quedarse. La historia profundiza en lo que significa la pérdida de una amistad. Al principio se percibe una muy buena química entre los actores, de modo que cuando uno de ellos se marcha, se siente un vacío que hubiera llenado. El problema reside en la frialdad del actor principal, incapaz de mostrar las emociones que se requieren para empatizar con él. No parece realmente dolido. Tampoco ayuda un última secuencia muy mejorable a nivel de realización. Buena idea de la que se podría haber sacado mucho más provecho.

Noches Mágicas (Paolo Virzi).

Estamos ante el nuevo trabajo del director de La Prima Cosa Bella (2010) y Locas de Alegría (2016). Durante el partido Italia-Argentina del Mundial de Fútbol Italia 1990, un famoso productor es hallado muerto. Los principales sospechosos serán tres guionistas que se relacionaron con él poco antes de su muerte. A través de un interrogatorio policial, se intentarán reconstruir los hechos para saber qué ha ocurrido. Tenía muchas ganas de ver esta película basándome en los anteriores éxitos de su director, Paolo Virzi, a pesar de que no los he visto aún para poder comparar.

Salgo bastante decepcionado al ver que ninguno de los tres personajes a seguir a lo largo de la historia es particularmente carismático. Están ahí y dicen cosas sin que lleguen a tener demasiada química. Como todos los personajes hablan a la vez en todas las escenas, más te vale entender italiano porque los subtítulos llegan hasta donde llegan. La única razón de ser de la película es homenajear la época en la que se ambienta y al cine italiano. Las referencias harán gracia a quien las pille, aunque tampoco demasiada. Pero lo peor es comprobar que las diferentes tramas se van resolviendo solas sin que los protagonistas hagan nada al respecto. Un punto de partida más que interesante que no llega a buen puerto y deja al espectador con ganas de más comedia.