Llegamos al último día. Con el cansancio acumulado y la incertidumbre por cuáles serán las obras premiadas, me enfrento a las últimas películas, que fueron La Mujer de la Montaña (Benedikt Erlingsson), A Land Imagined (Yeo Siew Hua), Djon Africa (Joao Miller Guerra, Filipa Reis) y Head Full of Honey (Til Schweiger). Excepto en la película de clausura se proyectaron cortometrajes. Paseo Solar (Réka Bucsi), Raymonde or the Vertical Escape (Sarah van der Boom) y Entre Sombras (Alice Guimaraes, Mónica Santos).

Paseo Solar (Réka Bucsi).

Este corto de animación (ya quedan pocos) trata de responder una pregunta bastante peliaguda con una interpretación muy libre. ¿Quién puso ahí todos esos planetas? Puedo decir que he presenciado uno de esos trabajos a los que no se les puede hacer justicia con una simple crítica. Merece ser visto por el estilo que desprende cada fotograma. Lo que empieza como una exhibición de “geometría en el espacio”, vamos a llamarlo así, pasa por muchos estilos de animación para hacer la experiencia más increíble posible. Es realmente simpática toda una parte que parece inspirada en el famoso viaje espacial de 2001: Una Odisea en el Espacio (Stanley Kubrick, 1968), todo con unas formas y colores muy propias de los años 60. Desde luego es totalmente impredecible y derrocha creatividad por los cuatro costados.

La Mujer de la Montaña (Benedikt Erlingsson).

Una activista cincuentona conocida por los medios de Islandia como “La Mujer de la Montaña” se dedica a sabotear la industria debido a la contaminación que expone sobre el país. Para todos los demás, sólo se trata de una inocente profesora de coro que espera con ansia que se tramite la adopción de una niña ucraniana y poder ser madre. Lo primero es lo primero, Halldóra Geirharosdóttir, ofrece una magnética interpretación, metiéndose en la piel de un personaje muy carismático al que da gusto seguir. Perdón, me he equivocado. Dos personajes, ya que interpreta a Halla, la protagonista y a su hermana gemela Ása. De este modo se suceden escenas en las que la actriz se responde a sí misma con tanta naturalidad que nos creeremos que realmente son gemelas compartiendo pantalla. Gran trabajo.

A pesar del obvio discurso ecologista que propone la película, no está metido a calzador. Está contado con muchísima gracia e invita a la reflexión. La película está llena de gags recurrentes que no hacen sino propulsar el ritmo y la comedia. Uno que me sorprendió gratamente es que los intérpretes de la banda sonora acompañan a la protagonista en momentos claves. Es bastante divertido ver a músicos de banda y cantantes búlgaras en determinados momentos. Ciertas tramas que en apariencia no aportan demasiado, acabarán siendo de gran utilidad para el desarrollo emocional de los personajes. Una propuesta muy original, bien actuada, bien estructurada y con un final emotivo para nada pasteloso. Muy recomendable.

Raymonde or the Vertical Escape (Sarah van der Boom).

Otra vez animales personificados. Por momentos parece que los seleccionados se pusieron de acuerdo para contar sus historias. Raymonde es una vieja búho que lleva una vida de castidad aislada de todos en su casa del bosque. A pesar de que disfruta con su trabajo, lo que ella más desea es un hombre. El cartero que pasa diariamente por su casa podría ser un buen candidato. Se trata de un corto en stop-motion con personajes imaginados por la protagonista hechos en dibujos animados. Me recordó bastante a Hedgehog’s Home, de la anterior edición, por su diseño de personajes y entornos acogedor y por su cuidada banda sonora. A lo largo del trabajo iremos viendo lo que el amor representa para la protagonista y las incongruencias que ha encontrado en la religión, aunque haya sido un poco tarde. De modo parecido a como hacía Animal Behaviour, se reflexiona sobre el animal que todos tenemos dentro y sobre cuándo habría que sacarlo. Un final repentino impide que nos imaginemos con certeza lo que está por ocurrir.

A Land Imagined (Yeo Siew Hua).

De Singapur nos llega una de las últimas películas de la SEMINCI. Un policía investiga la desaparición de un obrero al que se da por muerto. Lo último que se sabe de él es que frecuentaba un cibercafé en sus noches de insomnio. Unos entornos sórdidos en los que se deja ver un interés por la precariedad laboral de los empleados y donde la vida de los demás importa más bien poco es el contexto en el que se mueve esta película, que va a camino entre el cine negro y un drama existencial.

El escenario del cibercafé y su propietaria serán unas más que correctas actualizaciones del típico bar y la femme fatale de los grandes clásicos del cine negro. Para mi grata sorpresa, hubo toda una secuencia narrada en el interior del videojuego Counter Strike con el efecto gráfico de atravesar el mapa implementado con fines dramáticos. Muy curioso detalle. Dentro del interés que desprenden los personajes, especialmente la dueña del cibercafé, la película deambula entre la realidad y el mundo de los sueños sin demasiada eficacia. Llegados a la segunda mitad de la película hay ciertas tramas hasta ahora consideradas reales que son desmentidas como sueños y viceversa. Se llega así al final anticlimático de una película a la que le hubiera venido mejor centrarse en sus intenciones.

Entre Sombras (Alice Guimaraes, Mónica Santos).

Último corto. Y de animación, nada menos. En una época muy parecida a los años 40, Natalia trabaja en el banco de corazones. Literalmente la gente deposita sus corazones en forma de maleta a cambio de una llave. En medio de la rutina conoce a un misterioso hombre que la convencerá de robar en el banco en busca de su propio corazón. Todo se irá complicando más y más para nuestra pobre protagonista. El estilo de animación es stop-motion pero con actores fotografiados en decorados ya sean prácticos o digitales.

En esencia me recordó al cortometraje Luminaris (Juan Pablo Zaramella, 2011). Lo aquí mostrado es igual de original pero infinitamente más desarrollado y con el inconfundible estilo de las viejas películas de cine negro, que lo hace todo más atractivo. La forma en que los personajes interactúan entre sí mismos y con su entorno no dejará de sorprender. Ojo a la escena de sexo. Todo un homenaje absurdo a aquellas películas de los años 40 y 50 con exquisita técnica y buen gusto. El mejor corto de la Sección Oficial para mi gusto.

Djon Africa (Joao Miller Guerra, Filipa Reis).

Miguel es un joven portugués de ascendencia africana. Al poco de cumplir 25 años decide emprender un viaje a Cabo Verde en busca de su desconocido padre. El viaje le ayudará a encontrar sus raíces y quién sabe si también a sí mismo. El choque cultural al que se ve sometido el personaje hará que empaticemos rápidamente con él, sintiéndonos como pez fuera del agua. La película supone una mirada a la gente y las costumbres de Cabo Verde, especialmente la vida nocturna, en la que Miguel buscará con más ahínco.

Irá visitando lugares inhóspitos y conociendo a personajes peculiares. Para mí destaca la entrañable amistad que tiene con una anciana con una sorprendente vitalidad para su avanzada edad. Durante toda esa parte aprenderá el trabajo en el campo y a ver la vida como la ve la señora. Lástima de un tercio final francamente deficiente. Demasiado contemplativo para lo que ha sido el resto de la película y con un giro repentino que justifica el final. Una pena.

Head Full of Honey (Til Schweiger).

Por fin llegamos a la película de clausura, convenientemente presentada al público por el director, Til Schweiger, mediante un vídeo desde su hogar. He de decir que la huida por parte de los que estaban delante de mi en la sala no auguraba nada bueno. Yo, aún así, con ganas de ver cine. La película se centra en Amadeus, interpretado por Nick Nolte. Un abuelo al que le ha atacado la horrible enfermedad del alzheimer. Su familia debate qué hacer con él, si pueden permitirse si quiera dedicarle el tiempo que se merece, hasta que la nieta de 10 años decide llevárselo a Venecia en secreto por ser el lugar en el que consolidó el amor con la abuela.

Decir que se trata de un remake de una película con el mismo título y del mismo director. Es de suponer que la ha vuelto a hacer para mejorar lo anteriormente propuesto y beneficiarse de estrellas como Nick Nolte, Matt Dillon o Emily Mortimer. Si ese fuera el caso, no quiero ni imaginarme en qué condiciones se encuentra la película original, ya que la nueva versión muestra unos niveles de incompetencia que llevaba tiempo sin ver en una película. Estamos posiblemente ante el peor uso de montaje que he visto en toda mi vida. Da la impresión de que cada secuencia se ha rodado desde todos los ángulos y distancias concebibles y se han montado todos a la vez. La media de duración de los planos es de menos de un segundo. No es lo más adecuado en un drama con toques de comedia. Me impresionó, por no decir otra cosa, una simple secuencia en la que abuelo y nieta se meten en un baño y cierran la puerta. Fueron como 8 planos en 3 segundos.

Tan malo es el montaje que empeora las interpretaciones de los actores. Han tomado la terrible decisión de mostrar todas las reacciones de todos ante todas las frases, por lo que hay secuencias que son un conjunto de muecas que entorpecen la narrativa natural de la misma. Por no hablar de los planos repetidos de una secuencia a otra. Un auténtico horror que se barrunta desde la primera secuencia y no hace más que empeorar. He visto trabajos de escuela mejor montados que esta película. Nick Nolte puede tener un pase representando la enfermedad en según qué escenas, pero ninguno de los personajes secundarios se salva de ser irritante. Particularmente hay un policía que debe ser el peor de la historia del cine. Sus frases podrían ser dichas perfectamente por Clancy Wiggum de Los Simpson.

Las situaciones se suceden no ya por exigencias del guión, sino por auténticos aspavientos creativos. Tan aleatorio es todo que se le quita peso a un tema que afecta a muchísimas personas. No digo que no se pueda hacer comedia con el alzheimer. Se ha hecho porque da para situaciones absurdas, pero las risas surgen en la película de lo terriblemente mala que es a pesar de sus buenas intenciones. Nada aporta a hacer más creíble, más graciosa o más emotiva la historia. Ni la música, ni la dirección, ni los actores, ni el montaje… Por lo que cuando llegan esas pocas escenas que realmente deberían ser emocionantes, no surte ningún efecto porque el espectador ha desconectado tiempo atrás. Os juro que estaba buscando la cámara oculta en los palcos del Calderón a ver si me estaban grabando las caras de asombro que ponía. Una de las peores películas que he visto en mi vida que seguro que mejorará al verla con amigos en estado etílico. Haceos un favor y ved Nebraska (Alexander Payne, 2013) o Arrugas (Ignacio Ferreras, 2011) si queréis disfrutar de grandes películas sobre el alzheimer.